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Querido Don Amancio Ortega.

De vez en cuando vuelvo a mi sueño de que me tocan una cantidad indecente de millones y dejo atrás mi vida para comenzar otra cosa.


Mi mujer siempre se ríe de mi granja de cerdos (no es para menos, la verdad) pero lo cierto es que tengo un sueño recurrente desde hace muchos años que pasa por una explotación agropecuaria en Ferrol o en su comarca.

El sueño original: Unos "porcos" paciendo en régimen de semilibertad.

Toda esta historia surgió en una época de insomnio provocado por el estrés; y comenzó como algo humilde: Una granja en la que cerdos autóctonos pacían en semi-libertad en un soto de castaños. Posteriormente la cosa se fue complicando a la vista de que había otras razas autóctonas gallegas cuyos derivados ofrecían unas cualidades organolépticas únicas, además de que los años y mis viajes han hecho que mi cultura gastronómica se ensanche un poco.



¿Por qué no hacer quesos con la leche de las cabras gallegas?






Un día este sueño se unió con otro sueño, compartido en este caso, de mi última adolescencia que consistía en abrir un restaurante que no ofreciera lo mismo de siempre. Después vino la carrera, el trabajo, el matrimonio, la paternidad y mucha felicidad sin apenas tiempo libre. Normalmente estas cosas hacen que no te dediques a cumplir sueños descabellados; bueno, la ausencia de los millones tampoco ayuda, claro.


¿Veremos cómo nuestra industria textil utiliza lana de "ovella"?




Hoy mi sueño se parece a un pazo convertido en establecimiento rural, al modo de los cottage ingleses y con su granja y su bosque (de frondosas micorrizadas con especies de setas comestibles). En ese pazo va a haber un invernadero con hierbas y plantas, y habrá también una zona de siembra y otra de establos, en la que los inquilinos podrán ver todas las especies que críe y podrán además dar paseos en esos mansos y robustos caballos gallegos que tanto nos evocan el pasado.




Estos caballos gallegos son algo tan nuestro que ni nos damos cuenta de su valor.
Otro día escribiré sobre las vides y la bodega que ampliarán todo el complejo y de cómo hacemos pan, vino y cerveza con nuestros propios ingredientes, pero no quiero cansaros con los detalles.


¿Quién no le hincaría el diente a esta hermosura?
Como sé que lo de los millones no está fácil he decidido compartir mi sueño por si alguien no sabe qué hacer con alguna suma estratosférica de euros y decide adquirir algún pazo de entre las decenas que salpican a la vieja narizota.

Al final todo se acaba pareciendo a algo así: El pazo-hotel-granja.

Mientras, mis papilas se deshacen pensando en ese despertar entre verdes pastos, en esos huevos de granja, en ese tocino apenas calentado en una sartén de hierro en la lareira donde la madera de mis robles calienta a todos aquellos que quieren descansar en donde lo hizo Dios después de crear el mundo.





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