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Mentiras. Nuestras esta vez.

El otro día rajaban (¿Se puede poner rajaban en un blog?) unos amigos de que la reina se había operado, supuestamente, un montón de cosas: La nariz, la barbilla, el pecho, las nalgas... y cuando digo rajaban no pretendo establecer un paralelismo con los supuestos bisturíes que han modelado el regio rostro de nuestra más insigne expendedora de tabaco, sino que quiero dejar claro que a mis interlocutores les parecía fa-tal que la reina se haya sometido a unos retoques.

Tengo un amigo que dice que el principal problema de la industria (pública) en la que trabaja es que hay unos trabajadores que cobran más que él, que tiene más título. Parece ser que aquí no hay tanto un problema de productividad de los "hunos" como de cabreo de los "hotros". Yo no tengo ni la más remota idea de cuál es la solución a las industrias públicas, y estoy seguro de que aunque la tuviera nadie me iba a hacer ni caso; ahora, estoy seguro de que la productividad de la empresa no tiene necesariamente que mejorar si les subimos el sueldo a los técnicos superiores.

Está actualmente detenido un gallego (pero podía ser de Valpedrete, que daría igual) en Colombia porque ha pagado algo así como 9.000 euros por un niño. El muy inhumano, que no tiene otro nombre, ha querido satisfacer su deseo de ser padre, y el de su señora, mediante una vía parece que poco ortodoxa que le ha movido a dar con sus huesos en la cárcel.

Qué horror, cómo está el mundo; porque nadie se tomaría una pastilla que pusiera sus nalgas en los quince años o que pegara a su cabeza las orejas de soplillo, seguro que no.

Y todos estamos absolutamente seguros que nos merecemos has-ta-la-ul-ti-ma-pe-se-ta que nos pagan, y que no hemos tenido nada que ver con que nuestro país se haya visto abocado a una de las crisis más severas que recordamos los que ya no somos tan jóvenes.

Y por supuesto no conocemos a nadie que se haya gastado unos miles de euros en China o en Rusia para traerse un pequeño retoño al que colmar de atenciones y malcriar, que bastante mal lo ha pasado ya el pobre.

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