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Y, de repente, cambiamos.

1. Antes.

Cuando hace unas tres décadas yo era un niño España era un país con sus cosillas, no os creáis. Para empezar se decidió hacer una reconversión naval que para Ferrol supuso algo así como si en Madrid suprimieran medio millón de puestos de trabajo de sopetón (proporcionalmente al número de habitantes/población activa/puestos de trabajo eliminados, por supuesto).

En esos tiempos había una lacra social por la que nadie se va a disculpar nunca, pese a heroínas como Carmen Avendaño, que se conocía comúnmente como "los yonkies". Sí, no está mucho más definida la cosa; tú dices ¿Te acuerdas cuando los yonkies? y todo el mundo sabe de qué hablas: De los robos, del miedo, de los fallecidos por sobredosis, de atracos, algún asesinato, de la inacción del sistema... ¿Sí? ¿Todos de acuerdo? Vale, pues continúo.

En 1980 ETA batió su macabro récord de asesinatos cometidos, con nada menos que 93, en 1979 fueron 86. En la década de los ochenta todos los años fueron asesinadas entre treinta y cuarenta personas menos los dos últimos, en los que bajó el ritmo un poco para quedarse en 20 y 19. Gobernaban los del PNV en la Comunidad Autónoma Vasca, los de CiU en Cataluña; ambos tenían mayorías aplastantes, y eran los moderados, porque los independentistas tenían también representación parlamentaria.

Durante los ochenta en nuestra España se consolidaron los conceptos del "pelotazo" y del "carné". Se expropió RUMASA, tuvimos un grupo terrorista financiado con fondos del estado, se descubrieron los casos FILESA, Guerra, Naseiro, Roldán, Vera... y una larga lista que, en líneas generales, no aporta nada a la impresión general de que en estos dosmildieces no hemos hecho más que perfeccionar métodos y técnicas en las que hemos ido progresando con los años.

Los trenes de los ochenta no son objeto de esta entrada, porque no se hicieron: Eran los tiempos de  Qué bien, qué bien, hoy comemos con Isabel, del vino Don Simón, de los patés la Piara y de El Caserío (me fío). Vamos, que el patio andaba de pachucho a regular.

No voy a mencionar la moda de los ochenta, cuando Zara era una tienda de La Coruña con una sucursal en Ferrol, y las otras firmas exportadoras o no existían o eran empresas públicas sujetas, por lo general, a pérdidas estructurales debidas muchas veces a la absoluta falta de interés de sus empleados en la cuenta final de resultados.

En lo local he de decir que casi todas las ciudades de España fueron invadidas por azulejos de insólitos colores, edificios de dudoso gusto y nula practicidad y de una larga nómina de enchufados sin ningún tipo de preparación para ejercer tareas de gobierno.

En los años ochenta se alcanzaron tasas de paro del 21%, similar a la actual. El sistema parecía que iba a caer por todas las causas que he descrito por encima. Llegó a producirse un intento de golpe de estado por parte de militares, guardias civiles y parece ser que nadie más.

Matilde Fernández se dedicaba a enseñar guarradas y no había una película española que pudieras ver que no tratara sobre lo malos que eran los fachas o lo injusta que fue la Guerra Civil; bueno sí: En España floreció el genero del cine de tetas, que iba de lo trágico a lo cómico con las glándulas mamarias como único denominador común. Nuestras grandes estrellas eran Esteso y Pajares, Ozores, y una serie de señoras de buen ver que ya nadie recuerda. Surgió el grandísimo Almodóvar, aunque no sé grandísimo qué; bueno, sí lo sé, pero me lo guardo.

2. Después.

Ha vuelto el paro y se destapan casos de corrupción como briznas de hierba en la pradera, la moral es subjetiva y nadie quiere ser responsable de nada, luego estamos igual que antes: ETA asesina a decenas de personas, los drogadictos degradan las ciudades, el paro se desboca, nuestras empresas no exportan, ZARA sólo tiene una sucursal en Ferrol, no hay nuevas opciones políticas que traten de no hablar permanentemente de Franco y en la tele sólo dan el Un, Dos, Tres...

3. Conclusión:

Las filas de manriques que pueblan el suelo patrio han hecho suya la primera sextina que escribiera en el Siglo XV este poeta y soldado castellano para honrar a su difunto padre:

"Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
como se pasa la vida,
como se viene la muerte,
tan callando
cuán presto se va el placer,
como, después de acordado,
da dolor
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor"
 
 
Post-data:
 
A veces hay que tratar de serenarse y dirigir la vista atrás. En la España en la que yo me crié el ministro de educación no sabía ni los ordinales, el abandono escolar era abrumador, la tasa de analfabetismo era alarmante, en Andalucía se vivía del PER, los terroristas campaban impunes por las instituciones y gobernaban a la vez que señalaban objetivos a ETA, cobrando impuestos a las empresas y manteniendo una red de hostelería para pagar a sus pistoleros y financiarse.
 
Hoy tenemos una casa real en tela de juicio, pero se está juzgando a sus miembros más díscolos.
 
Una clase política abotargada y corrupta, pero con una justicia que va entresacando la cizaña del trigo.
 
Una clase judicial politizada, pero que expulsa a Garzón, a Silva y a otros cuantos prevaricadores más.
 
Un sistema empresarial en el que campan los ladrones, pero mucho más potente y con figuras de talla mundial.
 
Una red de comunicaciones mejorable pero que vertebra la nación y en constante mejora.
 
Unos nacionalistas que amenazan con la independencia, pero que pierden votos día tras día.
 
Con todo esto quiero decir que yo no quiero volver atrás, si no corregir los fallos del sistema, exigir que se cumplan las leyes y cambiar las que estén mal redactadas, sean ambiguas o se hayan quedado obsoletas. Bueno, y que quiten las Comunidades Autónomas y las Diputaciones... pero eso ya da para otra entrada ¿No?

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