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Ola de calor.

Pues se me acabaron las vacaciones y mi vuelta al trabajo no empezó con una depresión, si no con una ola de calor y  una de las situaciones más desagradables con las que me he encontrado en mi vida, de esas que te hacen pensar que sí que nos merecemos un meteorito justo en medio de la línea de flotación.


Pero la verdad es que lo que me apetece es escribir acerca de las cosas buenas que he vivido, y de la escasa aceptación que tiene el optimismo por parte de la gente (gente a la que, por cierto, yo ya casi sólo divido en honestos y deshonestos, dadas mis últimas experiencias personales)... y no me desvío, que no quería ir por ahí.


Resulta que España lleva desde el año pasado sin gobierno y que la realidad se ha encargado de demostrar que España está gestionada por funcionarios y por taifas de diferente tamaño y estructura. La prueba definitiva es el escaso parón que ha notado la economía, hasta el punto de que ya hay gente que sostiene que se vive mejor en funciones y que abogan por prolongar la situación con cuantas elecciones se necesiten; total, doscientos millones de euros no son nada comparados con los innegables beneficios que está acarreando que el resto de las instituciones del estado (menos el poder ejecutivo central) tengan claro qué leyes son aplicables en cada caso, máxime cuando un gobierno en funciones no puede interferir en el resto de los poderes del estado y el legislativo está más preocupado por prolongar su esperpéntico y vergonzoso show.


Y encima se une el record histórico de turistas (que ya ni se plantean el mediterráneo africano, por desgracia) que llenan nuestras arcas con sabrosas divisas con las que pagan nuestras sabrosas viandas. Porque yo cada año constato que España en general y Galicia en particular son ruta de peregrinaje de los amantes de la buena mesa: Vinos, quesos, embutidos, verduras, pescados, carnes... todo parece ser mejor últimamente ¿Me estaré volviendo idiota o es que no es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor? Porque a lo mejor es verdad que no es lo mismo trabajar cuando sabes lo que hay que hacer que cuando crees que sabes lo que haces... no sé: Seguramente es lo primero y mis sentidos están adormecidos.


Pero a mayores me doy cuenta de que incluso al que le han restaurado su calle, plantado un árbol y subido el sueldo no le queda más remedio que continuar con la costumbre de mencionar lo mal que está todo últimamente, y el horror del gobierno que no le caiga simpático: Que tu municipio organiza un concierto y son de Podemos: El peor concierto del siglo; que en tu ciudad baja el paro por la acción del estado: Coyuntura económica pese a lo nefasto de la gestión de Rajoy.


Y yo creo que ni tanto ni tan poco: Hay medidas buenas que toman los tirios y excelentes que toman los troyanos, y hay pasos que tuvieron una contestación tremenda que ahora todos seguimos cual borreguillos a la esquila ¿Pero no era una medida fascista o populista, o recaudatoria o ineficaz, o sectaria o lo que fuera?


Pues eso: Españoles de España, dejad de ser súbditos y convertíos de una vez en ciudadanos; utilizad vuestro voto, pero también cualquier medio que encontréis, y hacedlo también para lo bueno, que nunca he visto en ningún otro país perros atados con longanizas, y hay siempre motivos para alegrarse y estar orgullosos. Menudo verano extraordinario he pasado, y  va y se me ocurre pensar en las cosas malas, qué cretino.

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