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Verde que no sé si te quiero verde.

El timo perfecto: Te cobro por el envase, te cobro por recogida de basuras, te cobro una tasa de reciclaje, tú sólo te encargas de separar y yo acumulo todos los beneficios...




Hace unas dos décadas empezó un run-run ecológico que se presentaba como una idea de base carente de sesgo político. No estando exenta de motivos la idea del conservacionismo pronto fraguó en los idearios y programas de todas las formaciones y empezaron las promesas de que todo iba a ser algo rápido, y que el esfuerzo investigador iba a ser tan potente que sin darnos cuenta íbamos a reducir nuestra huella en el planeta de tal forma que poco menos que todos trabajaríamos en algo relacionado con el medio ambiente.

La industria eólica, la solar, la undiomotriz... se convertirían en nada de tiempo en las fuentes que moverían todo; los edificios tendrían techos solares, se volvería a la madera como material de construcción, se repoblaría hasta el Sahara y los coches serían eléctricos.

Lo cierto es que ha bastado con que bajara el precio del barril de crudo para que las economías más desarrolladas iniciaran la senda del crecimiento económico. ¿Qué hay de verdad entonces en todas las ideas que se proponían en los primeros noventa?

Pues hay muchas verdades, algunas medias verdades, bastantes mentiras y muchos silencios interesados, además de conflictos de intereses de difícil casamiento.


1. Las verdades:

Para empezar por las verdades no es incierto que las energías renovables y el reciclaje han tenido un avance importante en los últimos años. La separación de residuos o el sellado de vertederos han sido asumidos como responsabilidades por todos los implicados, desde los ciudadanos a la administración.

También es real que la conservación y recuperación de la riqueza natural y de espacios no antropizados revierte en el entorno y genera grandes retornos en forma de visitantes y de fijación de la población.

No es menos cierto que el transporte ferroviario de última generación utiliza catenarias alimentadas de la red eléctrica para generar el movimiento, por lo que un porcentaje de la energía consumida es renovable. Además, la industria automovilística ha invertido en eficiencia y en motores híbridos y eléctricos y las administraciones han tratado de fomentar el transporte público, lo que rara vez han conseguido por su ineficiencia, ineficacia y precio.

Incluso se ha endurecido la legislación en el sector de la construcción o en el de los electrodomésticos para incrementar la eficiencia energética.

2. Las medias verdades:
Las medias verdades, que también haylas, empiezan por la constatación de que se renuevan concesiones hidroeléctricas en cauces sobre-explotados, lo que no muestra una idea de restauración.

También se puede comprobar que pese a la instalación de numerosos ingenios que producen energía renovable la factura eléctrica ha subido: ¿Cómo es posible que la dependencia energética de los combustibles fósiles se haya reducido, pero apenas se hayan cerrado centrales térmicas?

No es menos cierto que, si bien hay muchas declaraciones de espacios naturales muchos de estos no tienen planes de ordenación serios y sólo han limitado las actividades tradicionales dentro sus límites, provocando una traslocación de sus habitantes originales por urbanitas dedicados a un turismo rural que a veces no llega a los estándares de los chozos de pastores.

Además hay otras medias verdades que van perdiendo fuerza como son la agricultura ecológica o el consumo responsable, en el que las cadenas de intermediarios pretenden ser sustituidas por otros intermediarios que también viven francamente mejor que los productores, pero que llevan melena y pinta de cochinos para no parecerlo.

Hay un silencio clamoroso con respecto a la contaminación en bastantes sitios, como en Huelva (donde hay una incidencia de cáncer superior a cualquier otro sitio de la Unión Europea) o acerca de esas plantas que iban a arreglar el problema de la gestión de residuos y que lo que han hecho es concentrar la contaminación en un punto lejano con el uso de grandes hornos crematorios que, gracias a sus chimeneas, se llevan bien lejos los productos resultantes. Tampoco está del todo explicado porque no se sustituyen los aerogeneradores ya amortizados y menos eficientes por otros que minimicen el impacto ecológico.

3. Las mentiras:
Nunca ayudan y vienen de todas partes: Malas son las de esas industrias que sin reducir sus emisiones "pintan de verde" su imagen, pero peores son las de los alarmistas que son capaces de decir que se han extinguido los linces mientras uno te mordisquea las orejas.
Sin embargo, la principal mentira es todo el asunto del cambio climático, porque los argumentos a favor y en contra son más enconados que los de los americanos y los soviéticos durante la guerra fría.
Los casquetes polares se reducen todos los años, y según donde lo leas ya no hay hielo en Siberia (si esto lo ves en un telediario es posible que diez minutos después te muestren un lago helado en Burgos y una catarata hecha témpanos en los Alpes, pero para qué vamos a contrastar ¿No?
Las extinciones... pues ya se sabe: Cuando naufragó el Prestige frente a Galicia de las doce parejas de arao común que quedaban se recogieron algo así como dos mil cadáveres, los osos pardos se mueven por Castilla y León y Galicia ante la atónita mirada de los que creían que sólo había media docena en Asturias (y están empezando a matarlos, por cierto), los lobos se extienden al Sur del Duero y los linces llegan al Norte. en general se va desprendiendo un cierto tufillo a que estos negocios de la cría y reintroducción no son una mala ocupación, máxime cuando se sabe que los virus que afectan al conejo son artificiales y se renuevan en Europa periódicamente para evitar la inmunidad, lo que en los roedores parece ser bastante rápido.


¿Y entonces -os preguntaréis- que debemos hacer? Pues en mi modesta opinión, que de esto sé bien poco, casi lo mejor es usar la cabeza y no creerse todo lo que se cuenta; aporto unos consejos y ya no os doy más la lata.


- Utilizar el transporte público es más respetuoso con el medio ambiente, al igual que intentar adquirir el hábito de caminar. En Estados Unidos (cuyos daily conmute superan las dos horas diarias en algunas ciudades como Los Ángeles) se ha detectado la tendencia a buscar un lugar de residencia cercano a dotaciones educativas y a centros de trabajo. El ahorro que puede suponer para nuestros bolsillos no utilizar el automóvil ni el transporte público puede superar los mil euros anuales por persona, lo que nos da una pequeña muestra de qué ilógico es vivir lejos y tener dos coches. Todo esto me lleva a una conclusión por la cual los amantes de las nuevas tendencias me van a destripar: Vivir en el campo no es ecológico a no ser que te conviertas en un autarca.


- Separar para reciclar es importante, pero debemos ser conscientes de que la industria que se dedica a revalorizar residuos está en pañales: Aunque todos los años nos cuenten que Suecia importa basura hay que ser conscientes de que todo forma parte de la gran mentira ecologista, porque la basura no es rentable, o al menos no al cien por cien. Utilizar composteras puede ser una buena opción si vives en el campo, y pastillas de residuos forestales (pellets) y poner paneles solares hasta donde la ley lo permita, pero tengamos en cuenta de que el proceso debe ser culminado ya por la siguiente generación, y que la inversión en educación será a la larga la más productiva.


- Tengamos en cuenta que no es muy ecológico hacer largos viajes para luego ponernos en plan verde y tratemos de llenar los coches cuando hagamos nuestros desplazamientos más habituales. Casi cualquier lugar tiene cerca pequeños tesoros que recorrer y revisitar.


- Aunque del cerdo se aprovechen hasta los andares recomiendo, por último, no serlo y utilizar los contenedores y demás recipientes para depositar nuestros desechos, y en previsión de que no haya llevemos siempre una bolsa para luego deshacernos de ello. El mundo también es nuestra casa y a nadie le gusta la suciedad.


- Y por último exijamos a nuestros gobernantes que dejen de gastar el dinero en estupideces y que inviertan en el eje salud-educación-sostenimiento. Tal vez en unos años nos regocijemos disfrutando de cosas que creíamos sin valor.

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