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La boca un fraile 2. Seis calas.

Que sirva de metáfora: Está saliendo el sol sobre Caranza y en este Abril de 2017 los edificios se reflejan en una calmada ensenada que inminentemente va a dejar de recibir todas las aguas negras de la comarca ¿Es así? Pues podría ser, ya que el pleno municipal de Ferrol ha llegado a un acuerdo por el que esta misma semana se pondrán en marcha los interceptores, la estación de bombeo y la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Prioriño Chico. Independientemente del lamentable espectáculo que han protagonizado los protagonistas de lo público -con dimes y diretes acerca de la conveniencia o no del sistema, personalismos y política de baja estofa- creo que hay que saludar la noticia como buena.

El sol sale sobre la Ensenada de Caranza.
Sin embargo, este aparentemente idílico final a los avatares de la EDAR y sus sistemas asociados no puede considerarse el final del proceso de regeneración de la Ría de Ferrol y sus inmensas riquezas. La Ensenada de Caranza es uno de los puntos más críticos de toda la lámina de agua y de la zona mareal de esta joya paisajística del Golfo Ártabro. La desembocadura del Río do Tronco, canalizada por debajo de las instalaciones que la Armada Española tiene entre Caranza y Tejeras, vierte de un sospechoso color parduzco al que se unen otros emisores cuyo color despeja cualquier duda acerca de su oscuro origen, disculpadme la referencia.
Playa de los Troncos, al fondo el Auditorio y el Conservatorio de Música "Xan Viaño".
Esta ensenada, que albergaba las almadías de troncos que se utilizaban para la construcción naval en el "apostolado" (los doce diques originales del astillero de Caranza) presenta un aspecto lamentable en la distancia corta: emisores de aguas fecales, basura, lodos, restos de embarcaciones, chabolas... rodeadas de un paseo marítimo apenas sin cuidar donde ni el mobiliario urbano ni las especies vegetales han recibido atención en fechas recientes, pese a haberse convertido en un lugar de paseo para muchos y las innegables bondades paisajísticas que atesora. Entristece pensar cómo otra vez nos quedamos atrás y que esta vez somos en gran parte los responsables.
Sin embargo no todo está perdido: Está el nuevo auditorio, que genera flujos de transeúntes antes inexistentes, y que ha generado el nacimiento de dos modernos y concurridos locales de hostelería; también está el concurrido y bullicioso conservatorio de música, con números que hacen esperar un futuro más sonoro que el actual; también en el haber tenemos la inminente puesta en marcha del sistema de depuración, al que parece ser que se unirá una millonaria inversión para que la Ensenada de la Malata sea también saneada... y también tenemos lo que Dios y la naturaleza pusieron allí: La ensenada, las calas, los árboles, el cantil, la exquisita configuración geográfica de la península o punta de Caranza, el rebaje del talud de las Pías (otra vez en el presupuesto), la Playa de Caranza, el Parque del Montón (que algún día se abrirá) y el Camino Inglés a Santiago. Todo esto debe movernos a adelantarnos, como propuse cuando hable de la Punta Promontoiro y la Playa de los Curas.

¿Podemos permitir que no haya compensaciones ambientales por las ocupaciones del suelo? ¿Debemos esperar a que a algún político se le ocurra que la Ría ya está suficientemente agredida? ¿Queremos dejar a nuestros hijos una herencia envenenada y contaminada que nos sonroje cuando nuestros restos descansen en Catabois?

Las seis calas desde la senda que rodea a la Escuela de la Armada.
Yo no quiero eso: Yo quiero que en la medida de lo posible se restauren las seis calas, que se retiren las construcciones ilegales, que se adecuen accesos y servicios, que se mantenga el ajardinamiento del Paseo y que podamos sentirnos orgullosos de un entorno que redundará en nuestra salud y en nuestro sentimiento de pertenencia de una ciudad que, ojalá, se cansó de que se hicieran mal las cosas sin levantar la voz para quejarse.

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