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Todavía hay clases.

Parecen hechos aislados, pero son realidades que permanecen inalterada desde hace décadas y que, por su instalación en la esfera de lo políticamente correcto, están por encima de cualquier tipo de debate público o político. Hoy existen las redes sociales y algunos descubren con sorpresa que no todo era como lo pintaban.
1. Empiezo por los sindicatos: Últimamente nos han sacudido o sacuden tres huelgas en Ferrol, Galicia y España, que son las del metal, el transporte, la limpieza, la gestión aeroportuaria y la  estiba.
- El caso de la huelga de la estiba está más que comentado y no da para mucho: sus condiciones laborales son excelentes, sus sueldos magníficos y sus jornadas breves, pero lo que ellos reivindican es poder seguir dejando los puestos en herencia y mantener el monopolio en los puertos españoles ¿Qué alegan? Que son derechos adquiridos ¿Cuál es la realidad? Que esos privilegios no tienen ningún respaldo jurídico, luego su reclamación es ilegal. No tienen apoyo de la sociedad, obviamente.
- La huelga del transporte gallego no se entiende tampoco especialmente bien: Un decreto de la administración competente -la autonómica- parece que trata de paliar unas carencias con unas nuevas concesiones en las que se va a permitir que se utilicen viajes escolares por parte de otras personas no vinculadas al mundo académico ¿Cuál es el problema? Pues no lo sabemos, pero sí que mientras tanto se suspenden servicios y los afectados son los viajeros y aquellos que queriendo trabajar son privados de este derecho por los piquetes. El apoyo social es el mismo.
- La del metal es aun más incomprensible: Hasta ahora sólo sabemos que quieren que se les suba el sueldo un 4,5% durante este año y los dos siguientes, y que se aplique un nuevo convenio. El principal problema es que reclaman lo que es justo, pero no dicen qué es justo. Ante mis preguntas del motivo de las reivindicaciones no he obtenido ninguna respuesta, y voy a tratar de explicarme bien no vaya a ser que mis lectores emitan calificativos como facha, españolista o señorito para reforzar sus inexistentes respuestas. ¿Cuánto cobran? ¿Cuáles son sus condiciones? ¿Cuál es su jornada? ¿Están dentro del marco normativo? Repito que no he conseguido nada más que insultos cuando he inquirido respuestas para saber lo que reclaman.
Y el problema radica precisamente en eso: Yo no dudo que la existencia histórica de los sindicatos esté más que justificada dadas las penosas condiciones de trabajo y la inexistencia de una legislación laboral justa desde la revolución industrial (de hecho desde el principio de los tiempos, nada menos). Hoy en día -como se demostró tras las huelgas de transporte y enseñanza en la Comunidad de Madrid en el 2010 o con las de los controladores aéreos- resulta que lo que reivindican es una supuesta justicia que sólo se les ha de aplicar a ellos.
Los llamados agentes sociales suelen pactar los convenios generales para los trabajadores españoles que son transpuestos en leyes de obligado cumplimiento. Al ciudadano medio le da la impresión de que el sindicato debería ser el sitio a donde vas a reclamar lo que legalmente te corresponde, pero la realidad es bien distinta: El sindicato es un instrumento para perpetuar la lucha de clases bajo la premisa de que el empresario es malo y que el trabajador es bueno, y que no es lícito que los propietarios de las empresas ganen tanto dinero mientras sus trabajadores ganan menos; en Román paladín: Los sindicatos son marxistas y pretenden modificar el orden establecido, por lo que siempre ejercerán presión.
El éxito de una huelga, por lo tanto, se mide por el seguimiento que tiene y la capacidad de convocatoria, y para que ese éxito esté garantizado los piquetes informativos impiden que los trabajadores que no secundan la huelga accedan a sus puestos de trabajo. Luego vienen los bailes de cifras, en la que mientras ves a la gente trabajando escuchas en los medios que el seguimiento ha sido total y absoluto.
Misteriosamente las huelgas sólo suelen darse en los servicios públicos o en las empresas públicas o mixtas, y todos sabemos que eso se debe a que el dinero público es de todos.
Aquí tenéis los sueldos de Navantia, para los que creáis que solo el presidente y sus 177.000 euros anuales son muchos o no entendáis por qué tiene un déficit de 200 millones de euros.
http://www.sepg.pap.minhafp.gob.es/sitios/sepg/es-ES/CostesPersonal/EstadisticasInformes/Documents/Retribuciones%20del%20personal%20Funcionario%202015.pdf


2. Sigo con el gallego y lo que lo rodea: Considero que no hay una falta de amor más grande hacia el gallego que el trato que le dan los independentistas. Además de haber decidido igualarlo al portugués, ignorando su historia y evolución, mienten constantemente con los hechos y con las cifras. La antipatía que se ha creado ha llegado a límites que eran insospechados cuando comenzó la reivindicación, y el motivo no es otro que la equiparación de las lenguas con las personas ignorando las mayorías sociales. Resumiendo: A mí me da igual que tú quieras hablar en castellano, porque nosotros, ese quince por ciento de nacionalistas que no sabemos qué proponer, hemos decidido que la Constitución nos la pela y que aquí se va a hacer lo que nosotros digamos, y el que diga que no es un franquista.
Nunca en la historia ha habido imposición que no suscitara rechazo en las generaciones venideras, por lo que la única manera de defender algo es hacerlo aportando argumentos y haciéndolo atractivo para la masa crítica que ha de suscribirlo. ¿Hacen esto los independentistas con el resto de la población? Pues en absoluto, claro, y eso es lo que provoca que su apoyo sea cada vez menor y la respuesta social cada vez mayor: Rechazando la españolidad de Galicia no hacen sino alejar a muchos del orgullo que puedan sentir por tantas cosas buenas que tiene nuestra (mi) tierra, y por supuesto que entre ellas se incluye el idioma en tanto sea un vehículo de entendimiento y no un carnet de ciudadanía.


3. Me paso al orgullo gay: a mí que alguien se sienta orgulloso de su condición me parece muy bien si eso lo hace sentirse mejor. Yo no estoy especialmente orgulloso de mi heterosexualidad y no suelo preguntarle a nadie por sus asuntos carnales. Creo que el respeto mutuo es la base de toda convivencia humana, y creo que el respeto va mucho más allá de la tolerancia, que es asumir que las diferencias son importantes, cuando realmente no deberían serlo. Como católico tengo el mandato divino de no juzgar, y como pecador que soy no hago otra cosa que hacerlo, pero es que sigo sin comprender cómo se admiten los espectáculos pornográficos que se montan en las calles con objeto de normalizar algo, por no hablar de las ofensas intencionadas a las creencias católicas (lo siento, cuando vea que ofenden a los musulmanes, hindúes o sefardíes también lo diré). Considero que sí pueden públicamente manifestarse, como cualquier otro grupo ciudadano, pero siempre dentro del cumplimiento de la ley y respetando las creencias de los demás.


4. Termino con el aborto y me voy a poner definitivamente en la picota de todo el mundo: El aborto es la interrupción de una vida humana en el vientre de su madre, y es una desgracia. No puedo comprender que se haya convertido en un derecho y no puedo comprender en qué cabeza cabe tal falta de humanidad; por contra, trato cada día de hacer introspección para comprender las causas del problema ¿Qué número de abortos están dentro de los cuatro supuestos de la primera ley? ¿Es un negocio? ¿Se dan alternativas? ¿Puedo entender que una mujer violada se tome inmediatamente una pastilla abortiva para evitar la partición celular? ¿Debemos seguir utilizando el aborto como un anticonceptivo? ¿Podemos los católicos pensar que hay líneas entre el uso del preservativo y hacer pedazos un feto? ¿Somos capaces de comprender el miedo de una madre a la muerte, a dejar a su familia una ausencia permanente? ¿Somos capaces de asumir que la cultura nos empuja hacia una sociedad sin esperanza en una vida mejor? ¿Nos damos cuenta de que sólo con argumentos transcendentes nunca llegaremos a acuerdos con aquellos que basan su ideario en el materialismo? Los discursos están enfrentados, son encarnizados y en los hogares, las escuelas o las iglesias no se tratan con valentía ¿Qué les vamos a explicar a nuestros hijos acerca de la responsabilidad? ¿Qué acerca al respeto a la vida humana? ¿Es la castidad un valor para toda la sociedad? Son demasiadas preguntas y todas de difícil respuesta, mientras tanto se emite un programa de televisión en el que en directo se practican ecografías y se muestra el estado de desarrollo de los fetos en diferentes etapas de la gestación; a los pocos días una conocida me cuenta que tomó la decisión de abortar a su hijo porque tenía una malformación incurable. Que difícil es el mundo, desde luego.

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