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Algunos dijimos...

Algunos dijimos que los papeles para todos de Zapatero iban a provocar un efecto llamada que a su vez iba a propiciar el asentamiento de una población desnaturalizada muy difícil de integrar. Nos llamaron racistas y xenófobos, y después del 11-M y del ataque de Barcelona nos lo siguen llamando.

Algunos dijimos que no se podían ceder competencias para contentar a los nacionalistas con el único objetivo de llegar al poder y mantenerse en él. Nos dijeron que el autogobierno frenaría el independentismo, y ahora que estamos a las puertas de un intento de golpe de estado que pretende la secesión de parte de sus territorios nos insisten en que hay que dialogar y saber ceder.

Algunos dijimos que las leyes de normalización atentaban contra los derechos de los ciudadanos castellanoparlantes y que la libre circulación de personas dentro del territorio nacional exigía que se garantizase el uso del castellano y de su enseñanza; alegamos que la Constitución nos permitía utilizar el castellano y que las administraciones no eran nadie para imponernos su criterio. Lo menos que escuchamos es que éramos unos reaccionarios. Después de la sustitución del concepto de la nación y la nacionalidad, después de décadas de empeño de llamar a España "el estado", después de las afrentas a la soberanía nacional y a sus instituciones el uso de las lenguas regionales sigue cayendo, pero seguimos siendo unos "fachas".

Algunos dijimos que había una doble vara de medir entre la libertad de expresión de la derecha y de la izquierda. Nos llamaron franquistas. Hoy se pintan proclamas soviéticas en las iglesias, que sufren asaltos de mujeres en paños menores con total impunidad. En la cárcel cumplen condena los de Blanquerna sin haber allanado, agredido o atentado contra la libertad religiosa. Somos más reaccionarios que nunca.

Algunos dijimos que era intolerable la falta de respeto a los símbolos comunes. Nos llamaron liberticidas. Hoy se organizan ultrajes a nuestro Rey de forma pública en cualquier tipo de evento, incluyendo si es necesario un homenaje a víctimas de un atentado. Nos siguen acusando de no creer en la libertad de expresión.

Algunos dijimos que la ley del aborto iba a convertirse en un coladero y que se iba a acabar usando como anticonceptivo post-coital. Nos acusaron de machistas y de atacar los derechos de las mujeres. Hoy son desmembrados entre 90.000 y 200.000 fetos al año al amparo de una ley de plazos que olvida que la gestante lleva un ser humano en su interior. El feminismo hoy ya no se esconde y ya tiene como único objetivo "empoderar" a la mujer.

Algunos dijimos que la ideología de género no tenía ningún sentido y que lo necesario era educar en el respeto, que las fiestas del orgullo sobrepasaban con mucho los límites de la cordura y del buen gusto, y que en España no había un sentimiento generalizado de homofobia. Nos acusaron precisamente de ser lo que negábamos. Este año se han sobrepasado todos los límites y ya nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato, hasta el punto de que en varias comunidades se ha decidido educar a los niños en esa ideología. Ya han empezado los ataques en las zonas que han sido ocupadas y en la que se práctica el sexo entre homosexuales en público y sin recato. Somos más homófobos que nunca.

Algunos dijimos que los inmigrantes (que no refugiados) tenían que adaptarse a nuestras costumbres, que era un error crear guetos en los que se acabaría imponiendo la sharia. Xenófobos, racistas, supremacistas, fascistas, nazis... los epítetos nunca se agotaban. Los jóvenes criados en Europa son los protagonistas de los crueles atentados contra transeúntes desarmados, sin distinguir si son hombres, niños o mujeres. Hoy, en toda Europa, acumulan votos los partidos xenófobos porque cada vez más ciudadanos sienten que se privilegia a los de fuera, se empiezan a prohibir las vestimentas musulmanas y se empieza a legislar para conseguir la integración. Tal vez sea demasiado tarde, pero mientras se da la bienvenida a los de fuera a la vez que se atacan los intereses turísticos hay soldados de Alá moviendo sus piezas, y los mismos que nos insultaban antes nos alertan de que no hay que ser islamófobo.

Algunos dijimos que las leyes de educación iban a fomentar la mediocridad. Nos llamaron carcas. Hoy sabemos que tenemos uno de los peores sistemas educativos de nuestro entorno en lo que a conocimientos científicos se refiere, jóvenes en el paro sin preparación y exceso de titulaciones en nuestros trabajadores. Siguen pensando que nuestra forma de pensar es anticuada.

Algunos dijimos que había que educar en los valores democristianos. Inquisidores, oscuros, ultramontanos nos llamaron. Hoy el materialismo impera por doquier, y ningún principio moral es aceptado si se basa en algo transcendente. La generación de jóvenes que ni estudia ni trabaja, los que abusan de las drogas de diseño, los que no tienen otra meta que el hedonismo y la búsqueda de la autosatisfacción empiezan a llegar a las instituciones con todo su relativismo, y ni gobiernan ni gestionan y hasta llegan a negarse a aceptar que la hierba es verde. Arderéis como en el 36, es su mensaje.

Muchos pedimos que ilegalizaran los partidos que defendían el secesionismo y justificaban el terrorismo. Nos amenazaron de muerte. Hoy hay un partido con cinco millones de votos que justifica los asesinatos de ETA y pretende blanquear sus cuarenta años de terrorismo. En las instituciones vascas y navarras campan perjuros que pretenden borrar cualquier huella de España y que tratan de equiparar a las víctimas con los cobardes que las asesinaron o que colaboraron para que fueran asesinadas. Siguen pintando dianas en las paredes.

Algunos dijimos que la presunción de culpabilidad en los mal llamados casos de violencia de género iba a provocar un coladero y que atentaba contra los derechos fundamentales de los acusados. Nos llamaron todo lo que se podía. Aun no se han apagado los ecos mediáticos del caso de la granadina que no entregó a sus hijos -en el que se han destapado todos los hedores putrefactos de los prejuicios y del lobby mediático- y los casos de asesinatos no paran de crecer, demostrando la necedad de la discriminación positiva. Los hombres somos tan presuntamente culpables que hasta se ha pretendido censurar un libro que habla del tema escrito por una mujer.

Algunos dijimos que había que tomar medidas contra los que ocupaban propiedades ajenas. Nos dijeron que tenían derecho a hacerlo. Hoy hasta existen empresas que se dedican a desalojarlos por un módico precio y se meten en tu casa aunque esté habitada sin que la policía tenga herramientas legales para actuar. Empiezan a dudar de que sea un buena idea.
***
Y es que la verdad es la verdad, por mucho que se disfrace con artificios dialécticos; y de todas esas veces que nos apresuramos a aceptar lo nuevo como bueno sólo a veces acertamos. Y eso también lo dijimos algunos.

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