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Distopía transparente (o el feminismo fanático).

Después de un año y medio de búsqueda incesante la Guardia Civil ha detenido a un personaje despreciable -a tenor de lo que cuenta la prensa- como presunto autor del secuestro, intento de violación y asesinato de Diana Quer. El sujeto tenía unos antecedentes dignos de la hez de la sociedad: Narcotráfico, furtivismo y agresión sexual parecen confirmados, se rumorean otras cosas de parecida gravedad, hasta el punto de que cabe preguntarse qué hacía tal canalla correteando en libertad por los pueblos de la comarca en vez de estar en chirona. Parece ser, para más inri, que el sujeto tenía tres coches y que pudo permitirse guardar en su garaje el que usó para encerrar a la joven madrileña en el maletero antes de intentar forzarla, de estrangularla con una brida y de tirarla a un pozo a unos doscientos metros de casa de sus padres, pozo que usaba en sus tiempos de emisario de los narcotraficantes y que era conocido por las autoridades. ¿Huele mal? Pues como los lodos de la Ría de Ferrol con marea baja, por lo que me temo que el pinzo este debía ser confidente o algo similar, porque no es creíble que haya monstruos de tal calaña actuando libremente en un país medianamente civilizado como el nuestro (España, claro, por si me está leyendo Feijoo). El caso es que hace unos días intentó abusar (violar, secuestrar, qué se yo) de otra mujer y fue denunciado, y eso desencadenó su detención y posterior confesión de sus varios crímenes, que si se demostraran y conllevaran una sentencia de culpabilidad podrían acarrear prisión permanente revisable si no fuera porque la izquierda española (de Ciudadanos a los nacionalistas) no está por la labor de que los criminales paguen por sus actos.
La quinta columna de descerebrados y descerebradas (no vayan a sentir que los discrimino) han visto el problema de forma nítida desde el principio. El heteropatriarcado culpa a la pobre niña por ir provocativa y salir de noche sola; sí, lo sé: Están como cabras que hubieran comido un filete de vaca loca. Como a mí me gusta la juerga contesto a un comentario de una que en su perfil dice que hace lo que le sale del coño con una sencilla pregunta: - ¿Quién ha dicho eso?-. Y me responde que todo el mundo y toda la prensa. - ¿Qué prensa?-. Vuelvo a preguntar, y me vuelve a responder que toda. Al cabo de unas horas de mensajes pretendidamente inteligentes me cuelgan un artículo de Público con el mensaje de que "a ver si esto lo entiendes, que está escrito por un hombre". Y lo leo y también dice que toda la prensa culpa a la pobre niña por vestir provocativa y salir sola de noche.
En medio vuelven (volvemos) a picar el carnoso anzuelo de la Pedroche, que no deja de ir más tapada que casi cualquier mujer en la playa de Doniños cualquier día de verano, y a criticar su discurso feminista previo a mostrar que a los treinta años, si te cuidas y la naturaleza te ha proporcionado una figura estilizada, casi todo está más o menos donde tiene que estar, cosa que creo que la mayoría sabíamos.
Y desvía el foco de atención de esa pandilla de idiotas que siguen intentando convencernos a toda la sociedad de que los varones somos unos malvados terroristas que conspiramos juntos porque queremos acabar con las mujeres, y a mí -que me criaron tres madres, que tengo cuatro hermanas y que sólo crío niñas- me dan ganas de meterlas en un globo con todos los idiotas que las jalean y que se vayan a Tombuctú a ver si es verdad que allí hay una biblioteca pública.
El asesino de Diana Quer no es un terrorista ni un conspirador, ni siquiera es necesariamente un machista; esa escoria es un criminal, una bestia, un depravado que seguramente tenga ciertos problemas mentales, y asesinó a una chica porque quería abusar sexualmente de ella, lo que lo convierte en otro de esos monstruos a los que después la izquierda no quiere pasarles la cuenta, porque tienen derecho a la reinserción social.
Y como hijo, hermano y padre al que educaron desde el primer día en el respeto a todos y en la defensa de los más débiles no me quiero imaginar lo que se me pasaría por la cabeza si alguien hiciera algo a alguna de las mujeres que hay en mi vida, y lo que contestaría a esas gilipollas que pretenden utilizar la desgracia de los demás para vivir de lloriquear tonterías en las redes sociales con la aquiescencia de algún "barón" socialista que se confiesa culpable de matar a las mujeres. De vomitar todo, sin duda alguna.
Que Dios tenga en su gloria el alma de Diana Quer y dé consuelo a su familia. Hay días en que uno se pregunta dónde coño está el límite de la maldad humana.

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