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A los de Montefaro les gustaban las de Cristo Rey, y yo en Doniños esperando el rayo verde.

Y a los de las Discípulas las de la Compañía de Marina; Ferrol era más pequeño para los que éramos más pequeños y jamás pensamos que se pudiera ir a Narón porque ni siquiera sabíamos que el Alto del Castaño era Narón.
Para mí sólo existía Ferrol, y nunca supe qué era Narón: el sol salía detrás de casa de´mi tío juan y se ponía detrás del reloj de la caja de ahorros, que tenía un cartel que ponía cambio, change, exchange, wechsell, o al menos eso es lo que me dictan mis recuerdos.
Me críe en una Plaza de España que ya no existe jugando a cosas que ya no existen con niños que ya no existen. Una de nuestra acciones más repetidoas era escapas de los marcialitos, que a veces aparecían desde la Plaza de Sevilla y sembraban el terror (sobre todo el terror a que nos robaran nuestras destartaladas y heredadas bicicletas).
En la Calle Galiano había a veces uno de esos coches de plástico con ventanas de plástico, y existían los chicles de cinco y los bang-bang. Sólo había dibujos los sábados y los domingos antes de la peli, y como la peli tuviera un rombo nos mandaban a jugar, porque si tenía dos en mi casa se apagaba. Hay que ver lo obedientes que eran nuestros padres, bien pensado.
Pero cuando los recuerdos son de décadas después tendemos a idealizar lo que tuvimos y a denostar lo que tenemos, sin pensar ni por un momento que a veces lo que el mundo se llevó no tendría razón de ser hoy en día. Cuando pongo en casa un vídeo en youtube de los payasos de la tele las risas son las mismas que en 1980; y yo pienso que también mis preocupaciones deben ser las mismas que tenían los de mi edad en 1980... ¿O no? Porque ahora que ciertos iluminados auguran un colapso de la civilización por el advenimiento de las nuevas tecnologías, yo imagino a sus antecesores (¿Tal vez sus antepasados?) lamentándose de la pérdida de los herreros, curtidores o palafraneros. ¿Estáis en serio? ¿De verdad creéis que vivían mejor antes que ahora?
Porque es verdad que ya no hacemos galeones ni galeazas ni galeras, y que la flota real no fondea entre castillos, es cierto que no hay carpinteros de ribera ni leñadores proveyendo de troncos a las almadías de Caranza, y ni siquiera existen los niños de Montefaro para que les gusten las niñas de Cristo Rey.
Pero así como antes no sabían que iba a haber un Camino Inglés, o un Campus Industrial o un Astillero 4.0, nosotros no sabemos si EXPONAV va a exponer brazos robóticos que construyan maquetas en 3D para los niños que visiten la exposición cuando nosotros esperemos en la residencia del Boial el último traslado a Catabois.
Y además es que no nos importa: Tal vez tu hijo Ramón sea patrón de un barco que lleve a los turistas a avistar delfines, tal vez se case con una Jessica que diseñe moda on-line, o tal vez los mapaches se coman los berberechos de la Gándara... y la verdad es que no sabemos qué cosas buenas vendrán entonces que ahora ni siquiera atisbamos.
Porque el mundo cambia y Ferrol cambiará con él, y habrá cerrado Humanidades y de nada sirve lamentarse como hacemos hoy con la Escuela Obrera o con la de Artes y Oficios.
Hoy tenemos otras cosas que nunca soñamos tener, y por eso pienso que existe un cierto pesimismo que sólo se nos olvida los días que parecen no querer acabarse, cuando algunos no tan locos decidimos quedarnos en Doniños hasta que aparezca el rayo verde que nunca hemos visto y que nunca veremos, como ya nunca recogeremos la pelota debajo de los Ideales ni haremos otras tantas cosas que han quedado atrás.
PD: Comentando la percepción ciudadana de la gestión municipal apostillaba un vigués en los comentarios de una noticia que en la universidad conoció a muchísimos ferrolanos cultos, con idiomas y formación técnica que tuvieron que abandonar la ciudad porque no había trabajo para gente tan cualificada.
Parece que ya nadie recuerda como hace treinta años Zara era una marca de ropa barata que tenía un par de tiendas en Coruña y otra en Ferrol. Y no soy optimista, sólo lo suficientemente realista como para reconocer que hace quince años nadie creía que íbamos a hacer barcos para Australia ni hace veinte que nuestra Semana Santa iba a atraer a miles y miles de visitantes. ¿Que cierran otro colmado? Pues qué queréis que os diga, la vida pasa como pasaremos nosotros, sin más, también cerraron los hospicios, las leproserías y los orfanatos, gracias a Dios.

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