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Si yo pudiera hablar con Rajoy.

Si yo dijera que me apena -siquiera remotamente- la caída de Rajoy, estaría negándome a mí mismo y a todo lo que me ha hecho sentir con sus políticas desde que relevó a Zapatero en la presidencia del gobierno: No, la verdad es que su figura no me causaba ninguna confianza y -como todos- soy perfectamente consciente de la escasez del calado de sus reformas políticas, que no pasaron ni una micra del conservadurismo macro-económico que ha estabilizado -mucho, eso sí- al país.
Pero sin negar que en términos relativos las reformas económicas y laborales -calcadas de las de Angela Merkel- mejoraron las tendencias y que hoy se puede decir que España es más rentable que cuando él llegó, hay bastantes cosas en las que no puedo sino disentir profundamente. Para mí entre lo peor de su legado están:
- El aborto, la ideología LGTB y la Memoria Histórica, los grandes "avances" de su predecesor; a todo lo que legisló en este sentido el infausto leonés  le siguió un recurso ante el Tribunal Constitucional por parte de un Partido Popular que, tras cuatro años de mayoría absoluta, no tuvo el valor para legislar en contra de las tendenciosas e ideologizadas normativas zapateriles. Por ahí nos perdió a los conservadores. Sí: He escrito nos.
- En cuanto a las reformas en la administración y en el sistema electoral e impositivo aplicó la máxima de no cambiar ninguna de las causas que propician el latrocinio constante al que nos someten -y siempre han sometido- su partido y los demás: Puertas giratorias, mucha carga impositiva, muchas administraciones redundantes, falsa representatividad proporcional  en el reparto de actas tras las elecciones... todo sigue igual de complicado y de enrevesado, y, pese a que se consiguió que aflorase mucho dinero negro, no se atajó la base del problema: Hay demasiado dinero circulando en demasiadas administraciones superpuestas, demasiados salarios pagados a cargos no electos ni necesarios, demasiados asesores, consejeros, concejales y demás. Por ahí nos perdió a los liberales. Sí: He escrito nos.
- No ha sabido dar una respuesta a todos los que nos manifestamos en contra de los procesos independentistas catalán y vasco-navarro, consintiendo cualquier exabrupto y judicializando cualquier respuesta del estado hasta que el sucesor del sucesor del mayor corrupto de la historia de España declaró la independencia. Hoy el que nombró al sucesor que nombró a su sucesor sigue en la calle, pese a haberse demostrado un latrocinio de tal calibre que la eterna instrucción ya ha recorrido varios países donde los Pujol escondían todas sus ganancias. Además se plegó sin ninguna resistencia a dictámenes más que cuestionables de tribunales supra-nacionales para liberar a los etarras y legalizar partidos terroristas. y en ningún momento se atrevió a decirles a los independentistas las verdades que sabemos un altísimo porcentaje de los españoles y que defendemos cerca del 70 %. Por ahí nos perdió a los patriotas.  Sí: He escrito nos.
- Al no tener valor para obligar a las comunidades a que aplicasen las leyes del estado consintió que haya niños que son adoctrinados en las escuelas, consintió que haya padres que no puedan elegir cómo educar a sus hijos, toleró que en Andalucía y otras comunidades se negasen conciertos a centros católicos de enseñanza, e impidió que los que tenemos que cambiar con relativa frecuencia de residencia podamos educar a nuestros hijos en su lengua materna. Por ahí nos perdió a los que creemos que las libertades individuales están por encima de los derechos de los territorios (y él, que es licenciado en derecho, sabe que los territorios no son sujeto de derecho).
***
Y con toda esa carga social-demócrata y con todos esos paños calientes, se creyó más listo que nadie mientras la sociedad se preguntaba estupefacta cómo era posible que negara las irregularidades que salpicaban también a su partido si él mismo o Cospedal cobraban en la oposición cerca del triple de lo que la ley asigna al presidente del gobierno de España.
Ahora lo han echado porque no supo ver (o no quiso hacerlo, quien sabe) que si en vez de postrarse ante el rey de la taifa vasca hubiera convocado elecciones posiblemente no estaríamos al albur de todos los que manifiestan de una forma xenófoba y racista su deseo de trocear España para cubrir con los restos de la piel de toro los crímenes, los asesinatos o los robos, que en unas zonas predominan unos más que otros.
Sí, don Mariano: Usted y los suyos han hecho muchas cosas bien, y seguramente su constructo moral sea más parecido al de la mayoría de los españoles que la absoluta falta de ética y coherencia que demuestran a diario la turba furibunda que lo ha puesto de patitas en la calle. Estoy casi seguro de ello.
Pero también estoy seguro de que usted consintió que nos insultaran, nos menospreciaran, ensuciaran nuestra memoria, rompieran la reconciliación, ahondasen en las mentiras y re-abrieran las viejas heridas por miedo a que lo identificasen con Franco, imponiendo además una mordaza mediática a los dos únicos partidos políticos que hoy lo habrían mantenido en el gobierno (sí, sabéis de qué partidos estoy hablando).
Y por eso en las siguientes elecciones usaré mi libertad de elección para votar a quien me dé la gana (que no será de su partido aunque usted se vaya) y todo mi argumentario para decirles a los españoles de izquierdas que Rosa Díez sigue diciendo que con los separatistas no se negocia y que hay que adelgazar la administración y para recordarle a los de derechas que Santiago Abascal defiende lo que defendían los conservadores antes de convertirse en la tecnócrata cueva de Alí Baba y los muchísimos más de cuarenta ladrones.
Y no me harán caso, y usted me dedicará el mejor fruto de su retórica, pero ambos sabremos que será suya gran parte de la culpa de que un botarate con más ambición que escrúpulos sea el presidente de una de las naciones más antiguas y ricas del mundo, y que otrora fue la más grande, temida y respetada.
No espero que vuelva, pero no le reprocharé nada más: hace más de siete años le escribí por primera vez diciéndole que esto iba a pasar, que a usted nunca le iba a votar la izquierda y que la derecha se le iba a ir, y que la corrupción no se puede dar por descontada, sino que debe provocarnos una ira furibunda y un constante anhelo de combatirla.
Hoy Pujol y su mujer deben estar desternillándose de risa viendo cómo sus planes se desarrollan según lo que previeron mientras su tesorero de usted y otros cuantos amigotes han sido condenados a más años de cárcel que los asesinos vascos a los que usted ordenó soltar.


Buen trabajo, tarugo.

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