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El camino a San Andrés.

Escribo esta entrada una mañana de lluvia fina en la que el agua va calando poco a poco mi ropa ya veraniega. Es lo que tiene esa llovizna persistente, que cuando te moja lo hace hasta los huesos, de ahí el nombre de mi primer blog.
Con Niebla comprobé  que hay entradas que apenas tienen difusión o impacto mediático, y otras que funcionan solas sin que tu intención haya sido mucho más que desahogarte; eso es la niebla: Cuando está es omnipresente, y no puedes si no verla velando todo lo demás, que tan solo se esboza difuminado tras sus partículas en suspensión.
Cuando escribo -y lo hago a menudo- que Ferrol sólo completará el círculo virtuoso de la construcción naval cuando se vuelvan a construir barcos a la manera tradicional con los materiales que nos ofrece la naturaleza, sé que estoy volviendo una y otra vez al mismo tema: Ferrol fue el emplazamiento elegido porque en la misma ría estaban el refugio, la defensa, la madera y la piedra... hay quien sostiene que la proliferación de molinos en Neda y en Esmelle sólo es posible por el aprovisionamiento de la Real Armada, y ante esa pergogrullada sólo hay que responder que no se entendería el número de molinos si tuvieran que abastecer a la exigua población anterior a la primera mitad del XVIII. Todo hay que entenderlo en su contexto, y ese contexto ha de servir para guiar nuestros pasos, y eso no quiere decir que tengamos que imitarnos a nosotros mismos ni tratar de reeditar los éxitos de otros.
A veces, en el duermevela que me asalta cuando tardo en dormirme, voy conectando cosas de forma casi inconsciente, como si mi cabeza se fuera ordenando por dentro. Ya hace muchos años que sueño con tener una granja de porcos celtas que vivan en semilibertad en un gran soto de robles y castaños, y que a la larga seconvertirá en un hotel rural con una buena huerta en el que un cocinero que quiera ser más artesano que artista haga las delicias de los visitantes con unos estándares de calidad que lo descataloguen para esas agencias tan obtusas a la hora de saber lo que buscan los clientes.
Como no soy rico ni creo que lo sea nunca, me conformo con seguir soñando... y el otro día, en mi búsqueda de noticias por la prensa local,  sucedió que se alternaban las relativas al Camino Inglés con otras relativas a la "rapa das bestas" en la Capelada. Recordé aquella vez que había escrito que en esa granja que nunca tendré los desplazamientos se harían con caballos gallegos, que tras las jornadas pacerían mansamente por los oteros junto a las vacas cachenas y a las  "ovellas" lanudas.
Y mi extraña mente juntó todo con ese monolito con la silueta roja de un pez que hay frente al molino de Las Aceñas , que marca el Camino a San Andrés de Teixido, ese lugar santo del que se dice que ya lo era antes que Santiago, y que marcó el camino de los bretones antes de que se encontraran una barca de piedra en un campo de estrellas.
Tal vez cambie mi sueño, y sueñe con ser rico para organizar una peregrinación en dornas, galeones y pulpeiras que atraquen en la Ría de Ferrol, y que culmine en carromatos tirados por esos peludos caballitos tan propios de nuestros montes; y tal vez en mi sueño influya el hecho de haber vivido tantos años en Andalucía y por ello haber visto tantas veces como los andaluces peregrinan al Rocío en barcos y carromatos, con sus caballos enjaezados y con su permanente fiesta; y tal vez alguien un día sueñe lo mismo que yo y entre los dos sepamos unir nuestro mar con nuestros montes como en Almonte unen al río con el albero.
Porque a lo que no quiero resignarme es a dejar de soñar, o a permitir que se disipe esa niebla que me hace ver caballos de largas y rubias crines, montados por hombres y mujeres llegados de toda Galicia con sus vestidos de raso y terciopelo en barcos de velas blancas.
Y mientras lo sueños se van difuminando tras esa persistente niebla, viene el mismísimo Morfeo y me vuelve a acoger en sus brazos, seguramente con cierta ternura ante los disparates que se me van ocurriendo en mi vigilia,

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