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Radicales libres.

En primero de manipulación de masas te enseñan a pervertir el lenguaje para poder utilizarlo en tu discurso y ahorrarte explicaciones que, a la larga, pueden resultar embarazosas cuanto más se alejen de la verdad. Voy a intentar explicarlo sin mencionar a ningún partido político o sindicato y sin hablar de Ferrol; ya os anticipo que no creo que lo consiga.
En un lugar cualquiera de nuestra galaxia, un grupo de humanoides ha conseguido plantar unos limones que pretenden sacar al mercado. Como todo el mundo anda por ahí vendiendo de todo, deciden buscar un término que tenga connotaciones positivas y se identifique claramente con un limón. Tras una tarde y media mañana de descartes (rugoso, ácido, redondo...) deciden que las vitaminas van a ser su mensaje. Utilizando la palabra vitamina empiezan a buscar términos claramente identificables con su excelente producto y acaban autodenominándose los vitamínicos o vitaministas. Ellos no tienen pasado, por lo que deciden que todo lo relacionado con sus limones y las vitaminas les va a favorecer en su discurso: Recetas, cremas, bebidas, pomadas, decoración, el color amarillo, los limoneros, las plantaciones, vigor, energía... todo el mundo escucha repetidamente un discurso fresco y vigorizante que les lleva a triunfar en seguida entre un segmento de la población relativamente amplio.
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No diréis que no tienen buena pinta.
El problema llega cuando se encuentran con que su público objetivo está fuertemente segmentado entre los que son aficionados a las naranjas (la inmensa mayoría), a las mandarinas (un segmento muy importante que ha sido siempre la principal competencia de los de las naranjas) y los de los pomelos (minoritarios pero siempre presentes. Hay que decir que los que defienden la lima son un grupo residual sin apenas importancia a los que nadie ha tenido en cuenta. Del resto de los cítricos ni hablamos.
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El mundo es así: Sólo aceptamos los cítricos.
El caso es que todos estos humanoides tienen un componente muy similar en su estrategia de expansión, por lo que es difícil superar el tirón inicial; es cierto que muchos no se sentían representados y han decidido pasarse al bando de los limones, pero al final todos venden salud, naturaleza, cuidado del medio... y la cosa no parece avanzar.
El comité ejecutivo de los vitamínicos limonistas-vitaministas se reúne para evaluar por qué no están avanzando en su expansión entre la población, y deciden buscar un término antónimo al suyo... y a falta de otro mejor deciden que van a utilizar anti-vitamínicos. Todos y cada uno de ellos saben que el resto de los cítricos tienen cantidades de vitaminas similares a los limones, pero eso no les arredra. Lanzan su campaña de un modo furibundo e inesperado y cogen a todos con el carrito del helado. Los de la lima desaparecen y se quedan colgados de la brocha con cara de estupefacción, el resto pierden gran cantidad de público y no saben muy bien por qué.

Por todas partes el mundo parece estar teñido de amarillo, y los vitaministas -que ven que ese impulso tampoco les ha dado el éxito esperado- empiezan una campaña brutal contra los naranjistas y los mandarinistas, a los que tachan de antivitamínicos e incluso de avitamínicos y de negacionistas de los beneficios de las vitaminas. En su estrategia empiezan a acusarlos además de no cuidar el medio, de usar especies injertadas, de haber abusado de la población, de haber querido acaparar el mercado...
Esta segunda fase de la estrategia les hace consolidarse en el tercer puesto, pero al comprobar que no les alcanza para ocupar una posición de dominio en el mercado deciden tejer una alianza comercial con una de las facciones para entre ambos acaparar todo el mercado de frutas. La estrategia es sencilla: Entre los dos acaparan todo y los demás desaparecen. Su alianza es con los naranjistas. Por decir algo.
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El mundo parece estar lleno de limones. Ya no tienen tan buena pinta.
Al principio todo parece ir rodado: Ambos cuidan del medio, son ecologistas, reparten vitaminas, promueven valores y hábitos saludables... lamentablemente los compradores no perciben ninguna mejoría con respecto a otras opciones, los de las mandarinas vuelven a recuperar su clientela, e incluso los pomelistas y los limistas parecen  recuperar terreno. Hay ya muchos que dicen que a ellos los limones siempre les han resultado ácidos.
Entonces se descubre que en las plantaciones de limones usan pesticidas, que sus trabajadores cobran poco, que ha habido varios de los promotores que han llegado a acuerdos con otros hortifruticultores y que, en definitiva, no son más que los viejos vendedores de limas que sólo han decidido cambiar de producto. Parte de los limistas deciden regresar a casa, pero como ya no se venden limas se pasan al kiwi, que dicen que también es un cítrico.
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Los kiwis se pueden hacer pasar por cítricos, no pasa nada.

En cualquier caso, la cosa parece que se ha estabilizado y que, nos gusten o no las naranjas y los limones, su supremacía va a ser algo duradero... hasta que aparecen unos sujetos que venden peras, y entonces es cuando se lía parda: Resulta que los vendedores de peras no venden cítricos, por lo que hay que adaptar el discurso.
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¿Pero a quién se le ocurre venir ahora a vender peras?
Las primeras reacciones son ignorar a estos extraños seres y explicar a todo el mundo que las peras son cosa del pasado, que ahora sólo se comen cítricos y que no hay que tenerlos en cuenta.
Después, y ante la constatación de que hay a quien le gustan las peras, deciden etiquetar a todos esos rancios consumidores; la experiencia no surte efecto, porque resulta que a los comedores de peras les cabrea que les digan lo que pueden o no pueden comer y se refuerzan en su opinión.
No se puede achacar a alguien que vende peras que sus cítricos no sean buenos, por lo que se decide que la estrategia va a ser deslegitimar a todo aquel que siquiera insinúe que las peras son una opción válida: en este mundo sólo se pueden vender cítricos y los vendedores de peras no están legitimados para vender fruta. Ni que decir tiene que algunos que comían naranjas, limones, mandarinas, pomelos, limas e incluso algunos que no comían fruta deciden probar las peras... y a algunos les gustan.
Los vitaministas, no obstante, han conseguido que su discurso cale tan hondo en la sociedad que los comedores de peras empiezan a ser atacados en conjunto. Llega la genialidad: Llamémosles peristas, que es un término peyorativo a más no poder y así acabamos con ellos en dos patás.
El problema es que a los que han decidido comer peras no les arredra tampoco que les dediquen epítetos constantemente. Las estrategias se endurecen y todos los vendedeores de cítricos se unen para aislar a los vendedores de peras, pero es imposible aislar a los comedores de peras, por lo que el consumo se ha extendido por todas partes e incluso en algunos sitios ya es la fruta más consumida.
Y los vendedores de cítricos, además, han centrado tanto su discurso en el anti-perismo, qie ignoran que hay ya preparada una gran cosecha de manzanas esperando para entrar en el mercado: Si alguien cree que con las peras se acaban los tipos de fruta y que el mercado sólo acepta cítricos, lo más probable es que sea absorvido como les ha pasado a los pobres vendedores de limas, o peor aún: Como a los vendedores de pomelos, que han sido prácticamente absorbidos por los de naranjas (que están más dulces) y por los de mandarinas, que son mucho más fáciles de comer y de pelar (de hecho, todo el mundo sabe que la mandarina es la opción más cómoda).
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Cualquier día se dan cuenta de que hay muchísimos tipos de fruta.
PD: Que nadie se preocupe por todos esos humanoides. Entre ellos hay incluso a los que no les gusta la fruta y no compran nada a esos verduleros que, por lo general, siempre venden frutas preciosas pero sin apenas sabor que se plantan en campos idénticos en los que lo único que cambia es el abono que utilizan, pero como decía un conocido: Al final todo es la misma mierda... lo que no sé es sí se refería al abono o a la fruta, pero aún así sigo pensando que tiene razón.

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