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Coronavirus COVID-19 (6). La caída de los paradigmas.

La prensa está atravesando su más complejo avatar desde que Gutemberg inventase la imprenta de tipos móviles allá por el Siglo XV, y eso me hace pensar que para tipos móviles los protagonistas de las felonías perpetradas en este país que se llama España en los últimos 40 años, pero me vais a permitir que utilice mi facundia para seriar lo que ya ha cambiado hasta el momento:
- No es que haya cambiado, pero ahora se ve: Además de la solicitud de poder realizar funerales católicos o de asistir a misa, la población católica de España parece despertar de un cierto letargo aborregado. Triunfan las misas en línea o televisadas, y al final va a resultar que el 70% de españoles que nos confesábamos católicos éramos aproximadamente dos terceras partes de la población, qué cosas. A esto se suma las miles y miles de peticiones para reprogramar eventos religiosos a lo largo y ancho de la nación, solicitud de oraciones en la redes, un clamor en favor de acabar con la prohibición de actos religiosos... y sobre todo la enorme labor asistencial que han hecho multitud de instituciones católicas, con Cáritas a la cabeza, como siempre. Todos los días a las doce repican las campanas... y por ahora ni un demente fecal ha tenido agallas a decir nada.
- El presidente del gobierno de España dice que ahora comprendemos que los militares no son un gasto superfluo; hay que recordar que este botarate manifestó siendo aspirante al título que si pudiera suprimir un ministerio su elegido sería el de Defensa, cosa que luego matizó diciendo que se refería a que ojalá no hiciera falta y no sé qué estupideces más. Hasta Colau, la que prohibía a los militares asistir a las ferias de Barcelona, ya se ha apresurado a agradecer a los militares que bla, bla, bla... memos. Siguen nuestras fuerzas en la cúpula de los afectos de los españoles.
- Se acabó lo de ir andando, lo del transporte colectivo o lo de compartir coche... y resulta que eso no importaba un carajo, o sí... quién sabe. Ahora prima la seguridad de tu prima, y ya ha quedado claro que lo que contaminaba era la barbaridad de desplazamientos que ahora ya no parecen tan necesarios. A esto se une que el sector logístico y de la distribución parece ser que sí hacía falta y que no era del todo cierto eso de que las lechugas se criaban en las estanterías de los comercios de barrio. A los camioneros se les ha eximido de usar el tacómetro: Ahora ya pueden conducir doce horas porque si no, la comida no llega a las cadenas de distribución. Vaya cagada de los sabios economistas social-demócratas, siguen sin acertar ni una sola vez.
- Resulta que ahora que se ha demostrado otra vez que la familia nuclear es la base sobre la que se sustenta la sociedad, la violencia machista empieza a no ser una preocupación en nuestras vidas. ¿Fallaba algo en el discurso? ¿Fallaba todo? Otra consecuencia directa es la brutal bajada de la delincuencia... lo que destroza todas las teorías de la sociopatía y refuerza las que dice que los delincuentes son delincuentes, y que están perfectamente integrados en nuestra sociedad, dentro de la cual incumplen las normas. De esto hablaremos más largo y tendido cuando acaben las restricciones, vuelvan los delitos y los abogados aleguen que el pobre qué iba a saber si era un excluido social.
- La sanidad pública no era tan mala ni tan buena, sino que la saturación del sistema la provocábamos los usuarios. La privada no era tan innecesaria, puesto que se ha demostrado que es la reserva de crisis y que sin ella nos iríamos a freír espárragos en menos que canta un gallo. El sistema sanitario español debe funcionar como un todo y lo que realmente no aporta nada es la disgregación autonómica, ni mucho menos el egoísmo de aquellas comunidades que quieren ir por libre.
- Pese a que los opinadores habituales parecen haber salido de una almadraba, resulta que el virus ese que ha entrado en nuestras vidas mata más a los hombres que a las mujeres. La merma intelectual que opina en nuestras tertulias e infesta nuestra vida ya se había apresurado a decir que las mujeres estaban más afectadas (hay que justificar los chiringos, claro). El feminazismo queda seriamente tocado y se demuestra que hay mujeres sensatas (en el gobierno Calviño y Robles) y hombres tontos del culo sin un ápice de prudencia y preparación. Entre los políticos de derechas, por cierto, está destacando positivamente Isabel Díaz Ayuso, a la que el líder nacional ya empezará a poner en cuarentena en cuanto pueda.
- La verdadera guerra mediática está en las redes, especialmente en Twitter y Facebook. El WhatsApp se ha convertido en el mejor conductor de la información (sea esta veraz o no). Yo, por ejemplo, no suelo re-enviar nada más que chistes, pero me deja atónita la velocidad con la que las noticias pasan de una red a otra y después a nuestros teléfonos. Las televisiones tradicionales están heridas de muerte porque sus mentiras tardan menos en demostrarse falsas de lo que ellos pueden asumir, y miles de usuarios multiplican sus infamias a una velocidad que ni todos los bolivarianos juntos pueden siquiera soñar en frenar.
- Cuba no tenía una vacuna, Venezuela no tenía una vacuna, China o Irán no tenían una vacuna... resumiendo: Nadie tenía una vacuna. Los de Juntos Pandemias agarran sus mentiras como arena entre los dedos, y no hay una sola evidencia de que esos mantras que tanto tiempo llevan defendiendo tengan ni una mínima base real. Israel ha sido uno de los primeros países en solidarizarse con España, y por supuesto que el amigo moro ha sido el primero en cerrar la frontera. Se demuestra que las políticas de alianzas que propone la nueva izquierda española nos condenaría a la miseria.
- Se podía vivir sin fútbol, y tal vez ahora consigamos que los ídolos de nuestros hijos no sean unos zafios maleducados que se dedican a golpear un trozo de cuero con los pies. Pan y circo, sí... pero primero pan.
- La aportación de la empresa privada al conjunto de la sociedad es abrumadora: Donaciones de algunas de las firmas más importantes, un trato exquisito hacia sus empleados, producción de artículos para luchar contra la epidemia, beneficios sociales... la capacidad de reacción de Amancio Ortega o su hija Sandra, de Juan Roig, de los dueños de Mango, de las empresas de la automoción y otras muchas son la prueba de que los empresarios no tienen que oler a azufre y tener rabo y cuernos.
- El sector primario es la puñetera base de la sociedad, y por más que nos empeñemos no podemos vivir sin comida y sí sin otras cosas. Eso no quiere decir que regresemos al neolítico, pero sí que cobremos consciencia de que primum vivere, y luego ya iremos al teatro de títeres en gallego si nos apetece, que a mí no.
- Los nacionalistas no tienen nada de solidarios ni de racionales. Todos los líderes de la paila nacional (ayer la matria ya rebuznó en la hoz de Galicia diciendo que teníamos que aislar Galicia, como si no estuviese todo el mundo confinado en sus domicilios) han expresado que hay que cerrar sus respectivas comunidades autónomas. ¿Cerramos? ¿En serio? ¿Y cuando hagan falta equipamientos o suministros sanitarios seguimos cerrados? ¿O mejor abrimos? ¿Dejamos que se mueran los habitantes de las comunidades más pobres? Y por cierto ¿Sois vosotrosd los mismos malnacidos que decíais hace un par de meses que no se podía cerrar las fronteras a los pobres refugiados porque eran nuestra responsabilidad? De este tema seguiré hablando más adelante, sin duda.


Y de otros muchos que este viento se llevará, entre los que estarán muchos empleos que se han demostrado poco útiles y muchas ideas que se han demostrado dañinas para la convivencia.

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