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El olor de la hierba.

1. Estoy casi seguro de que casi todo el mundo entiende que hay una serie de olores que nos resultan tan evocadores que son capaces de transportarnos a un lugar o a un tiempo diferentes. Para mí hay un olor que es sólo de mi tierra y que jamás abandonará mi memoria. Es una mezcla de olor a mar y a monte, y trataré de guiaros para que me entendáis.


El olor a mar es algo difícil de definir, porque todo el mundo lo asocia con el olor a sal, cuando en realidad lo que sentimos en su presencia es sabor a mar. Tiene algo de algas en descomposición, de erizo de mar, de pescado seco y alquitrán. Para mis paisanos es facilmente reconocible porque el estridente grito de las gaviotas suele acompañarlo, además del sonido de las olas contra la piedra.

El olor a monte también es algo indefinido. Volviendo a mi tierra tiene mucho de eucalipto y algo de mimosa, también ese olor que ahora se llama fúngico, y que antes se llamaba a humedad. Tiene algo de flor de tojo y algo de hojas de roble en descomposición, y en verano un olor almizclado que no sé muy bien de dónde sale.

Cuando mezclas estos dos olores con una cierta temperatura y el olor de la resina de los pinos casi siempre estás en Galicia en verano, y esto, cualquiera que ha estado en la costa gallega en verano puede llegar a entenderlo con sólo cerrar los ojos y dejar que su pituitaria lo guíen en el recuerdo.

2.

El olor de la hierba cortada una tarde de julio,
el mugir de una vaca marela.
Se oye el llanto de un niño a lo lejos que dura un suspiro:

Es la siesta.

Unas gotas pequeñas reflejan cual perlas
 que es en un verano
de esos cálidos, húmedos, tersos, sensuales
que todos tuvimos
y que recordamos.

Y sin ganas de nada te vas apagando esperando el frescor de la tarde...

Cigarras,

que no entienden que están arrullando a mi niña que duerme serena y coqueta.

Si más tarde las sombras se alargan y llega de pronto el frescor a la tierra
el hogar con un fuego pequeño
hará que resurjan viejas confidencias.

3.

Cuando era pequeño participé en un juego infantil que consistía en que te vendaban los ojos y tenías que adivinar olores y sabores. Acerté todos los sabores y me proclamaron campeón... me remordió un poco la conciencia porque no reconocí uno de ellos y dirigí mi vista hacia abajo, comprobando que por una ranura podía distinguir lo que me ofrecían. Creo recordar que tenía ocho o nueve años. Ahora reconozco muchos más olores y sabores, especialmente cuando estoy en una época de "fumador no activo", como ahora.

Y esto lo cuento porque me ha pasado una cosa muy rara: De un tiempo a esta parte reconozco una serie de sabores y olores de forma especialmente nítida, sobre todo el chocolate negro, la vainilla, el karité y la naranja amarga. Es extraño, a veces me da la impresión de que el mundo está cambiando, entre oras cosas, su olor.

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