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A remolque.

Se difunde en las redes sociales que Alberto Garzón, el petimetre que regaló Izquierda Unida a Pablo Iglesias a cambio de un puñado de escaños, se casa en un cortijo de Jerez y ofrece a sus invitados (más de doscientos) un convite de 300 euros por cubierto; a los pocos días se casa en Cenicero porque su madre era de allí, ignoro lo que pagó o dejo de pagar... y sinceramente me da igual. La crítica viene porque es una persona muy de izquierdas, muy de redistribución de la riqueza y de nacionalización de los medios de producción... estamos apañados: Si a lo inane del discurso de Garzón sólo podemos contraponer que el no vive como si fuera de izquierdas no vamos a salir del atolladero en el que nos hemos metido creando administraciones escalonadas para colocación y enchufe de este estado de los partidos.
Y es que cada día comprobamos como la vida política se ha convertido en un remolque permanente: Los partidos van a remolque de lo que dice la prensa, la prensa va a remolque de lo que dicen las redes sociales, las redes sociales van a remolque de lo que opinan los líderes de influencia, y realmente hay poca gente que parezca actuar de forma independiente, como si España fuera una fiesta de esas tan de moda en la que todo el mundo tiene que ir vestido de blanco.
En Ferrol hay un concejal de fiestas que dice siempre que en toda Galicia se habla de la vida cultural de Ferrol; como yo no estoy en toda Galicia no puedo comprobar si es verdad o no -desde luego en la prensa gallega Ferrol no existe- pero lo cierto es que no deja de ser curioso que las fiestas de La Coruña y Ferrol parezcan diseñadas por la misma persona ¿En los congresos de las mareas deciden que haya un grupo de títeres galleguistas berreando por todos los barrios de la ciudad? Pues ni idea, oye, pero lo cierto es que ni a mí me importa ni parece importarle a mucha gente, dada la afluencia media de unas veinte personas en cada pase.
Y el problema es que en vez de tirar del carro parecemos propensos a dejarnos arrastrar por unos bueyes que cumplen con su bovina función de servir de tractor sin preocuparse del destino de su esfuerzo, y por eso las fiestas de las ciudades se clonan y dejan de tener el más mínimo interés.
No obstante, no quiero acabar esta entrada sin exculpar a los actuales gobiernos del cambio: Las fiestas son exactamente igual de malas que cuando gobernaban otros, y el motivo es que tenemos que emularnos a aquellos que consideramos un faro en nuestro camino.
Las fiestas de las Pepitas, las Meninas, la Semana Santa, la Batalla de Brión o la Parrocheira tienen un sabor nuestro que no tienen las de la ciudad, y eso es lo que creo que nos falta: Sabor. No me importa que vengan Rosario Flores o Moorcheba, que cante Teresa Salgueiro o que venga el fantasma de Lenon a cantar Imagine, pero no entiendo qué tiene que ver eso con Ferrol. Bueno, en realidad tiene tanto que ver como la Feria Medieval o como la Oktoberfest que organizan los de Coruña: nada de nada.
Me gusta la fiesta del choco, las rondallas, que los grupos locales actúen en los barrios e incluso me gusta que nuestros coros gallegos o la banda municipal ofrezcan actuaciones itinerantes por todo el término municipal, pero no entiendo que las fiestas sean una sucesión de actuaciones musicales distribuidas geográficamente para que una asociación de vecinos no nos afee la conducta o bien nos alabe en su página de Facebook.
Y por eso creo que se debería empezar a pensar que, si bien la música es una de las artes más sublimes, ni una carrera no es una programación deportiva ni una fiesta del choco es una gastronómica.
Eventos deportivos en esas desaprovechadas instalaciones de la Malata, regatas de nuestras embarcaciones (también las tradicionales) en Curuxeiras, travesías a nado, cine al aire libre, concursos de pintura, una feria gastronómica con nuestros productos comarcales, promoción de los hechos de Brión, pulpeiros, puestos de churrasco, concursos de recetas locales... hay demasiadas ideas como para incluir en la programación al Pantin Classic, a las Meninas o a Equiocio, cuando son eventos que aunque cuenten con apoyo municipal son organizados por particulares y que en otras fechas podrían contribuir a desestacionalizar el turismo.
Como idea fuerza: Tenemos una cofradía de pescadores que ofrece en la lonja unos productos del mar excelentes ¿No sería lógica una exaltación de todos ellos ahora que la depuración está en marcha?
No quiero parecer el profesor que suspende al alumno, pero la verdad es que para mí las fiestas son poco más que los Fuegos de San Ramón... y es que los grupos que vinieron no me gustan, y para mí no ha habido mucho más ¿Vosotros qué pensáis?


https://www.lavozdegalicia.es/noticia/ferrol/ferrol/2017/08/29/conciertos-llevan-tres-cuartas-partes-presupuesto-fiestas/0003_201708F29C3991.htm

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