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Gilipollas

Yo odiaba las matemáticas, y no porque se me dieran mal. No: La cosa es que odio las convenciones sin aplicación práctica en la vida real, y por eso cuando mi mujer me explica airada que en una operación de sumas y multiplicaciones primero se hacen las multiplicaciones independientemente de dónde estén ubicadas me rebelo y pego un bufido diciendo que en Europa los cristianos hacemos las cosas de izquierda a derecha, y que si quieren que 3+3+4 x11 sean 50 que pongan el 11 al principio. Me contesta (con razón) que la regla es así, y yo contesto que el que la inventó es gilipollas, o los que la inventaron. Y sí, ya sé que empezar por la izquierda es otra convención, pero perfectamente lógica cuando es común a todos y facilita la comprensión de un texto (porque si un escritor -o todos- decidieran que primero se lean las palabras que empiezan por vocal seguro que llevaría a cometer errores ¿No?).
Lo bueno de la palabra gilipollas es que es una palabra universal que siempre concuerda en género y número con los que reciben el calificativo. Sí, tú puedes decir que Manolo es gilipollas, que Mercedes es gilipollas o que Manolo y Mercedes son gilipollas, y no se te desnudan las de FEMEN en el vestíbulo. Total, que incluí a los matemáticos en mi particular nómina de gilipollas.
Y en ella también están los legisladores, en un lugar destacado cuando escriben para que no se les entienda. Los legisladores, abogados y políticos tienen en común que retuercen el código hasta dejar el mensaje tan irreconocible que el receptor del mismo ignora lo que le están prohibiendo, ordenando o permitiendo.
También hay un nutrido grupo de galenos que integran este grupo: Tu vas con mocos y te dicen que estás afectado por un rinovirus, y te dejan apabullado y haciendo testamento, pero esta noble profesión ha hecho tanto bien a la humanidad que se les puede permitir un punto de soberbia. A los que sobrepasan ese máximo los incluyo en las filas.
Y luego están los escritores que se empeñan en escribir tantos cultismos que te ves con cuarenta años utilizando el diccionario cada dos párrafos. Entre los escritores los más gilipollas son los que ponen citas en otros idiomas y no las traducen, haciéndonos ver dos cosas: Que ellos son muy listos y que nosotros, pobres "monóglotas", somos muy burros.
También hay bastantes cocineros que creen que si no te gusta su última creación es por que eres un ignorante. En esto se igualan a los modistas (otra palabra muy de "género") y a los cineastas (otra más), que pretenden engañarte con artificios desde una superioridad que hace innecesario pensar el epíteto que mejor les define. Excluyo a muchos de ellos, como por ejemplo a Aduriz, que acaba de explicar que si a los clientes les gustaran todas sus creaciones sería porque algo estaba fallando, y que la mayoría de los creadores en la cocina comen a diario cocina tradicional, mientras que la mayoría de los que se quejan de su trabajo comen en casa cocina rápida... por eso considero que hay muchos críticos de profesión que se llevan la palma en ejercer la gilipollez.
Ahora hay una nueva especie de gilipollas que son los que creen que por hacer deporte tienen preferencia sobre los pobres paseantes: Te gritan cuando corren, chocan contigo, te rozan con sus bicicletas... estos gilipollas seguramente ya lo eran antes y lo seguirán siendo cuando la edad o las lesiones los aparten de la práctica deportiva, y buscarán otro campo desde el que ejercer.
Y aunque sé que son legión, creo que el principal motivo es el engaño, la añagaza, el arcano oculto de adolescencia tardía que les obliga a sentirse especiales, con una personalidad impostada que rara vez se corresponde con su calidad humana, y creo que además no son felices.
Sí, ya sé que esta entrada no lleva a ninguna conclusión importante, pero si pensamos en los matices del significado de convencional tal vez atisbemos la razón de por qué en los terribles ochenta nos remangamos los pantalones hacia fuera y nos pusimos calcetines blancos. Sí, por lo mismo que 3+3+4 x 11 son 50.

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