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De prólogos y epílogos.

Desde mi más tierna infancia y desde hace generaciones, las fiestas de la Natividad de Jesús marcan un fin de ciclo en la vida de millones de personas. El año nuevo cristiano trasciende las creencias y tiene algo de metamorfosis en el que tanto de forma individual como colectiva, muchos se proponen enmendar los errores del pasado y mejorar en lo venidero.
Muchos somos una excepción y nos agarramos al "Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy" en lo personal, pero Ferrol no vive su mejor momento, y eso es algo que para muchos es una parte consustancial a nuestra vida. Sí: La crisis es algo en lo que muchos ferrolanos han nacido, crecido y vivido, e incluso hay quien no recuerda un Ferrol ajena a ello...
Pero crisis es un término que tuvo un significado que es al que debemos agarrarnos: el cambio. Hemos cambiado desde siempre, o al menos desde que somos lo que somos; nacimos para hacer barcos y dar cobijo a las naves de la Armada Real, y eso es también consustancial a la ciudad y a toda la comarca. Los puertos grises llevan casi tres siglos siéndolo y los que nos precedieron en sus paseos dominicales por el camino real o por la alameda, forman parte de un panteón que convierte a nuestro volkgeist en una inmensa paleta de uniformes y monos de trabajo. No se puede entender Ferrol sin la piedra y la madera, sin los molinos y los regatos, sin el fuego y el acero, sin las idas y venidas... y ese espíritu está atado con estachas tan robustas que es imposible levar anclas de nosotros mismos, y tal vez por eso somos la ciudad con la mejor colección de anclas del mundo, sin que seamos capaces de saber lo importantes que fuimos y seguimos siendo.
Ahora mismo hay un barco construido en Ferrol y un marino nacido en Ferrol a cientos de kilómetros de distancia, y a miles de millas náuticas de nuestras gradas. En este preciso instante, como desde hace trescientos años, hay hombres tripulando navíos entre cuyo acero están nuestros sudores y anhelos, y hoy en día es fácil comprobarlo a través de las redes sociales.
Ferrol fue una decisión de los reyes, y tal vez por eso seguimos escribiendo nuestras cartas con nuestros deseos para que sigan ayudándonos, aunque sea a los Reyes Magos que nos habrán de traer una felicidad que haga levar anclas al pesimismo en el que llevamos tantos años fondeados.
Y no voy a pedir que el Racing y el BAXI asciendan, sino que nos sintamos orgullosos de su esfuerzo.
Ni que empecemos a construir las F-110, sino que cuando las hagamos sean otra vez las mejores fragatas del mundo.
Ni que el campus tanga diez carreras más, sino que forme a los mejores profesionales.
Ni que el Camino Inglés tenga más caminantes que sus hermanos mayores, sino que hagamos todo lo posible para que los que emprendan la ruta desde Curuxeiras, tengan la mejor de las experiencias.
Porque a Ferrol y a los ferrolanos nos hace falta mirar hacia adelante, pero después de haber mirado hacia atrás con serenidad y con orgullo; y por eso este año pido que de vez en cuando nos quedemos en silencio y escuchemos al martillo en las herrerías y su eco en los siete mares, y que acariciemos la piedra de nuestros inexpugnables muros y nos enardezcamos con los Irmandiños, los héroes de Brión o los Infantes de Marina de Tolosa.
Pronto habrá barcos en las gradas y grúas contribuyendo a ese continuo devenir de una ciudad que es un puerto ideal, y conoceremos caras nuevas que sustituirán a las que ya no regresarán, y sólo algunos viejos árboles y las piedras serán testigos de los que llegaron antes y albaceas de los que un día tan solo seremos un recuerdo en la pared. Pero si no decaemos en nuestros anhelos, la Boca de la Ría será nuestra laguna estigia desde la que el día de nuestra partida observaremos a los que nos sucederán con hábitos de Semana Santa y con guitarras de Rondallas, que no serán sino nuestro eco como nosotros somos el eco permanente de lo que heredamos de nuestros antepasados
Todo eso le pido a los Reyes y sé que, otra vez y como siempre, su magia me concederá lo que he pedido.

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